Protágoras, el filósofo griego, atribuyó al hombre la calidad de ser la medida de todas las cosas. En efecto, la población, en su doble dimensión cuantitativa y cualitativa, como sujeto social de la estructura económica, juega un papel vital en el desarrollo de cualquier economía. Siendo, por tanto, determinantes, aspectos como la fecundidad, natalidad, mortalidad o la distribución espacial o laboral de la población. De ahí la pertinencia de un tratamiento interdisciplinario del tema, plasmado en una síntesis actualizada y rigurosa de la demografía española. Dinámica de la población en España, es una obra dirigida por el profesor Rafael Puyol, en que se recogen a lo largo de nueve capítulos, de distintos autores, el conjunto de cuestiones que explican lo sucedido en nuestra demografía a lo largo de los últimos veinticinco años. La calidad de conjunto del trabajo viene asegurada por la maestría de su editor, Rafael Puyol, autor de un clásico en la materia: Movimientos migratorios y desigualdades regionales en España (1979) donde estudió el papel decisivo que las migraciones interiores tuvieron en la distribución actual de nuestra población. Nos recuerda el profesor Puyol que nuestro estancamiento demográfico obedece a la brusca disminución de la natalidad. Nacer en España se ha convertido en algo cada vez más infrecuente. Los 1,2 hijos por mujer actuales, no solo constituyen un mínimo histórico en nuestro país, sino un mínimo mundial. Crece, en cambio, la esperanza de vida de los ancianos, con el contrapunto preocupante de su disminución en las edades adultas-jóvenes, debida a los accidentes de tráfico y el SIDA. La mayor longevidad de nuestra población plantea cambios socio-económicos de los que no siempre somos conscientes: Hace algunas décadas los hijos recibían sus herencias en edades de 30-40 años, hoy a los 50-60; el apoyo de la familia a la vejez, eufemismo que esconde tareas infravaloradas normalmente realizadas por la mujer; o el hecho de que los hombres de edad son fundamentalmente casados, mientras que las mujeres son principalmente viudas, con los problemas que esto conlleva de situaciones de soledad. (A partir de los setenta y cinco años existe un viudo por cada cuatro viudas y dos solteros por cada siete solteras). Ya se detecta en nuestro país el que, debido a la difusión de las nuevas tecnologías, comienza a generalizarse que las personas cambien de ocupación y adquieran nuevas cualificaciones, varias veces a lo largo de su vida laboral, para lo que es decisivo la edad. Los mayores, incapaces o no dispuestos a nuevos aprendizajes, son los más afectados por el proceso de modernización, acabando en el paro o en jubilaciones anticipadas. A título anecdótico, ha descendido a la mitad el clero y casi otro tanto las fuerzas armadas (Pág. 347). El paro actual, alimentado fundamentalmente por el fuerte contingente de jóvenes nacidos en la década de los sesenta, está siendo percibido ahora de forma diferente. Frente a la emigración pasada del campo a la ciudad, hoy casi la mitad de los parados no cambiaría su residencia por un empleo, aunque estarían dispuestos a cambiar de oficio, a trabajar en una categoría inferior o incluso a recibir menos ingresos que los que corresponden a su cualificación (pág. 355). Este comportamiento viene explicado por la razón de parentesco del parado con respecto al cabeza de familia, que es donde se realiza la encuesta de población activa, y que explica el mantenimiento del alto nivel de paz social compatible con tan graves cifras de paro. En definitiva, un libro de marcado interés, riguroso y actual que nos adelanta que, en el futuro, los españoles no sólo seremos menos sino que, además, seremos más viejos. (Publicado en el suplemento de EL PAIS del 20 de diciembre de 1997, Babelia, pág. 16) |